La reciente ofensiva arancelaria del ex presidente estadounidense Donald Trump sacudió el tablero del comercio global. En una entrevista con el equipo periodístico de Cátedra Avícola & Agropecuaria, el economista Héctor Arese expuso los alcances de esta medida, que lejos de ser un hecho aislado, se enmarca en una disputa mayor por el liderazgo económico mundial. “Esto es una pelea de fondo con China y otros centros de poder del Asia-Pacífico”, afirmó Arese, aludiendo a una reconfiguración geopolítica que viene gestándose hace años.
En ese contexto, Arese alertó sobre el criterio de “reciprocidad” que adopta la administración norteamericana: cobrarle a cada país el mismo nivel de arancel que ese país impone a los productos estadounidenses. Bajo esta lógica, Argentina —cuyo arancel promedio ronda el 12%— ya aparece en desventaja frente al 4% promedio de EE.UU. Y aunque nuestro país recibió un 10% de arancel, el más bajo de la nueva escala, sigue siendo un obstáculo que limita la competitividad de nuestros productos en ese mercado.
Esto tiene implicancias directas para la industria avícola. En un sector cada vez más vinculado a la exportación, donde el precio internacional y el acceso fluido a los mercados son claves, cualquier aumento arancelario representa un golpe a la rentabilidad. La carne aviar, los ovoproductos y sus derivados —donde Argentina compite en calidad y volumen— podrían quedar en desventaja frente a competidores con acuerdos más favorables o con menores barreras arancelarias.
Además, el nuevo contexto internacional pone en evidencia la fragilidad de los organismos multilaterales como la OMC. Según Arese, estos espacios han perdido su capacidad de contener disputas comerciales, lo que deja a los países más expuestos a decisiones unilaterales de las grandes potencias. “Los mecanismos de contención ya no existen. Esto lleva directamente a una guerra comercial”, sostuvo.
Finalmente, el economista hizo hincapié en la necesidad de que Argentina refuerce su estrategia comercial externa con una mirada pragmática y flexible. Para la avicultura, esto implica consolidar relaciones bilaterales sólidas, diversificar destinos de exportación y lograr mayor previsibilidad en materia arancelaria. En un mundo cada vez más convulsionado, la capacidad de adaptarse será clave para sostener la competitividad de la producción nacional.